MOVERSE A COMPASIÓN XXXII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

MOVERSE A COMPASIÓN XXXII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO
Domingo, 11 de febrero de 2024
La mañana de hoy, VI Domingo del Tiempo Ordinario, en que la Iglesia celebra la XXXII Jornada Mundial del Enfermo, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa, en la Basílica Catedral de Piura, y administró la Unción de los Enfermos a un numeroso grupo de hermanos nuestros. Los enfermos, ancianos, y familiares que se encargan de su cuidado, ocuparon un lugar especial en la Eucaristía. De esta manera, se ha querido expresar la cercanía de la Iglesia para con aquellos hermanos nuestros que llevan sobre sí la cruz de la enfermedad, para hacerles sentir que no están solos, que Cristo y sus hermanos en la fe, están siempre cerca de ellos
Como se sabe, éste es el sacramento que da la Iglesia para traer salud al cuerpo y al espíritu del cristiano en estado de enfermedad grave o vejez. El obispo y los sacerdotes son los únicos ministros que pueden administrar este sacramento. Los efectos de la Unción de los Enfermos son: el perdón de los pecados, el fortalecimiento espiritual, y el consuelo y salud corporal
Del mismo modo, y siguiendo el ejemplo de nuestro Pastor, en las seis Vicarías Episcopales de Piura y Tumbes se han desarrollado diversas actividades especialmente preparadas para acoger y manifestar nuestra cercanía para con nuestros hermanos ancianos y enfermos, así como a sus familias
Asimismo, el próximo miércoles 14 de febrero, será “Miércoles de Ceniza”, y con él comenzaremos a vivir la Cuaresma, camino hacia la Pascua. Es un tiempo de gracia que el Señor nos concede para examinarnos si, como Jesús, somos capaces de movernos a compasión ante tanto dolor y miseria como los que hoy vemos en nuestra sociedad. No se trata sólo de remediar la necesidad material que pueda tener el hermano en necesidad, sino que, contemplándolo de manera integral, como una unidad de cuerpo, alma y espíritu, le prodiguemos también nuestro amor, comprensión, compañía, y ternura. Además, nunca hay que olvidar que en el pobre y necesitado, en el enfermo y abandonado, Cristo mismo sale a nuestro encuentro, con las llagas de su pasión