Arzobispo de Piura: “El amor por Jesús fue la pasión dominante de la vida de Benedicto XVI”

Arzobispo de Piura: “El amor por Jesús fue la pasión dominante de la vida de Benedicto XVI”
Domingo, 1 enero 2023
Como es de conocimiento, el Papa Emérito, Benedicto XVI, cuyo nombre de pila era Joseph Aloisius Ratzinger, ha sido llamado a la Casa del Padre esta mañana a los 95 años de edad, en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano.
Como es de conocimiento, el Pas dice: “Quiero pedirles a todos ustedes que elevemos nuestras oraciones por su eterno descanso, y a los sacerdotes de mi Iglesia particular, los invito a que ofrezcamos la Santa Misa por él. Nuestro querido Papa Emérito ha llegado ya al otro mundo donde, como era su anhelo, le han acogido sus muchos amigos. En Cristo resucitado se ha unido a ellos por toda la eternidad”.
En su Carta Pastoral, Monseñor Eguren destaca también que: “Son muchísimas y hermosas las lecciones de vida que Benedicto XVI nos deja. Su vida ejemplar de sacerdote, obispo, cardenal, y de Sumo Pontífice, se caracterizó por un magisterio valiente anunciando la Verdad que reconcilia y salva. Él siempre se definió como un “Colaborador de la Verdad”. ¡Y vaya que lo fue! Ahí está como testimonio su luminoso Magisterio Pontificio y su elocuente “Opera Omnia”, que en 16 volúmenes recoge sus principales escritos y enseñanzas, en los cuales comprobamos su profundo amor por Jesucristo y la Iglesia, su reverente piedad y fervor por la Liturgia y el Ministerio Sacerdotal, así como sus enseñanzas sobre las “realidades últimas”, es decir, sobre el más allá o las postrimerías de la muerte y la vida eterna. Benedicto XVI nos enseñó que la ideología no puede sustituir a la realidad, ni lo políticamente correcto a la Verdad, y que la fe de la Iglesia no es una opinión. Es uno de los más grandes teólogos de nuestros tiempos, que ha formado y seguirá formando a muchas generaciones de teólogos y cristianos”.
En otro momento, nuestro Pastor recalcó que: “Debemos destacar su grandeza de espíritu, manifestada en su renuncia al Pontificado, anunciada el 11 de febrero de 2013, y hecha efectiva el 28 de febrero de ese mismo año. A través de ella nos dio a todos una lección de humildad heroica y de gran valor. En el santuario de su conciencia, y de cara a Su Señor, Benedicto XVI vio claramente en aquel momento de su vida, el deber de dimitir a su ministerio petrino, enseñándonos a comprender que el poder es servicio y amor, y que el bien de la Iglesia, y de la humanidad a la cual Ella sirve, está por encima de cualquier otra motivación”.