Homilia del Señor Arzobispo de Piura, en la fiesta del Señor de Los Milagros

El pecado es la raíz de todos nuestros males
Queridos hermanos y hermanas: Cuando contemplamos la
imagen del Señor de los Milagros contemplamos la obra de nuestros pecados. Ahí está Jesús: triturado por nuestros crímenes. Por eso al mirar al Señor en la Cruz nos conmovemos y hasta lloramos, porque Él, el Santo de Dios, lleva sobre sí todas nuestras culpas y delitos.
Así lo profetizó Isaías: “Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él” (Is 53, 5).
El pecado al habernos alejado de la comunión con Dios-Amor,
nos ha dividido interiormente, ha roto la solidaridad con el prójimo y ha destruido la armonía de la naturaleza. En el pecado, reconocemos el origen tanto de los males individuales y colectivos que nos afligen como son entre otros: el egoísmo que debilita nuestra libertad, la violencia en todas sus formas, la criminalidad, el sicariato, el terrorismo, la droga, la trata de personas, la miseria, las injusticias y opresiones, la mentira institucionalizada, la marginación de las minorías étnicas, la corrupción, las divisiones y enfrentamientos que no permiten un avance adecuado de las obras de reconstrucción que nuestra Región necesita urgentemente, la búsqueda desenfrenada de los propios intereses, los ataques a la familia por medio de la promoción de la ideología de género, la violencia contra la dignidad de la mujer, el abandono de los niños y ancianos, las campañas contra la vida por medio de la búsqueda de la legalización del crimen del aborto, y la depredación del medio
ambiente, entre otros males.
Sí hermanos y hermanas, no nos engañemos: El pecado es la
causa de todos los males que nos afligen y la imagen de nuestro Cristo Moreno así lo representa y manifiesta.
Pero el Amor es más grande que el pecado y que la muerte
Pero la imagen del Señor de los Milagros también refleja otra
realidad que nos llena de esperanza: Que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado y que la muerte. El Señor en la Cruz nos revela que el amor que Él nos tiene no se detiene ante nuestro pecado, no se echa atrás ante nuestras ofensas, sino que se hace más solícito y generoso. Con razón decía San Juan Pablo II que, “la Cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre”.
1 Jesús, obediente al Plan de reconciliación de su Padre, aceptó pagar la deuda de nuestro pecado con la entrega de su Cuerpo y el derramamiento de su Sangre.
Por eso llenos de esperanza delante de la imagen del Señor de los Milagros hoy exclamamos en un acto de reconocimiento: «Sí, el Señor es rico en misericordia», «Sí, el Señor es amor misericordioso». «No hay pecado que Él no pueda perdonar o herida que no pueda sanar». Hay esperanza, porque nuestra esperanza es Jesús muerto y resucitado quien lo rehace y renueva todo.San Juan Pablo II, Carta Encíclica Dives in misericordia, ,

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