“El recuerdo de Dios que se hace Niño nos abre a la esperanza”

Muy amados hermanos y hermanas en Jesús, el Niño Dios:
Pronto nacerá Jesús, el Emanuel, el Dios-con-nosotros. Muy pronto su Madre, la Virgen María, lo tendrá en sus brazos maternales y nos lo ofrecerá como el Salvador. Que estos días previos a la Navidad despierten en nosotros el recuerdo de Dios que se hace niño. De Dios que nos ama tanto que por nosotros viene a la tierra.
El misterio cristiano de Navidad sana y reconcilia, y nos abre a la esperanza, porque nos recuerda que la vida es más fuerte que la muerte, que el bien es más fuerte que el mal, que el amor es más fuerte que el odio. Navidad es el misterio de la Verdad que viene a iluminarnos y a revelarnos el verdadero sentido de nuestra vida y del mundo que habitamos. Navidad es el misterio del Amor que se encarna y que viene a darnos calor de vida. Navidad es el misterio del Bien que viene a habitar entre nosotros abriéndonos a la posibilidad real de vivir la fraternidad y la solidaridad, y así construir la ansiada Civilización del Amor.
Por ello dejando de lado el bullicio y el consumismo que quieren devorarnos en estos días, despertemos a lo esencial de la Navidad: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo, os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 10-12).
Suscitemos en los demás el sentido cristiano de la Navidad
Después de haber celebrado un Año tan intenso en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia, sigamos viviendo y compartiendo la riqueza de la misericordia divina sobre todo suscitando en los hermanos, pero especialmente en el abatido y descorazonado, el auténtico sentido cristiano de la Navidad, porque cuando a una persona desesperada se le despierta el recuerdo del amor y del bien, esa persona aprende a creer y a esperar de nuevo, y se le abre un camino de salida a su desesperación. En estos días santos, pensemos en los demás y anunciémosles la mayor bondad que existe y con la cual hemos bendecidos: La de Dios Padre que nos ama de manera incondicional y absoluta, y por ello nos entrega a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo por obra del Santo Espíritu: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”(Jn 3, 16).
Queridos hermanos y hermanas: Frente a un mundo que se hunde en lo material, que quiere permanecer en las tinieblas de la ausencia de la verdad, y mantenerse ajeno al auténtico sentido de la realidad y de la vocación humana, los cristianos debemos levantarnos, y con el coraje que nos da la fe debemos sacudir a este mundo que se empecina en perder de vista su verdadera vocación y sus mejores posibilidades, para decirle que sólo Cristo Reconciliador es auténtica esperanza ya que en Él toda vida humana cobra su verdadero sentido y encuentra su realización.

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