El Papa Francisco y la pena de muerte

El tema de restaurar la pena de muerte en nuestro país, ha sido nuevamente noticia entre nosotros. Ante la proximidad de lvisita Apostólica del Papa Francisco al Perú, es bueno recordar que el actual Pontífice considera que “hoy en día la pena de muerte es inadmisible”. Por tanto ella no es la solución a ningún crimen por abominable que este sea.
Su Magisterio sobre esta controversial cuestión, está en continuidad y sintonía con el de sus predecesores San Juan Pablo II y Benedicto XVI. En efecto el Papa Santo, siguiendo la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica1, así como en su Encíclica Evangelium Vitae2, sentó las bases para una eliminación de la pena de muerte calificando de “muy raros y casi inexistentes estos casos”. A su vez el Papa Emérito pidió que “se promuevan iniciativas políticas y legislativas para eliminar la pena de muerte en el mundo”.3
Sobre la eliminación de la pena de muerte, el Papa Francisco explica en su Magisterio las siguientes razones para ello4:
1. “Esta problemática (la de la pena de muerte) no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórica sin hacer emerger no solo el progreso en la doctrina y obra de los últimos Pontífices, sino también en la cambiante consciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud concordante ante una pena que socava en gran medida la dignidad humana”.
2. “El Magisterio de la Iglesia, a partir de la Sagrada Escritura y de la experiencia milenaria del Pueblo de Dios, defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y sostiene la plena dignidad humana en cuanto imagen de Dios. La vida humana es sagrada porque desde su inicio, desde el primer instante de la concepción, es fruto de la acción creadora de Dios…y es objeto de un amor personal por parte de Dios”.
3. “Hoy en día la pena de muerte es inadmisible, por más grave que haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. No hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza”.

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