“A Mí me lo hicieron”: Jóvenes: empeñen sus energías en construir un Perú más justo

“A Mí me lo hicieron”:
Jóvenes: empeñen sus energías en construir un Perú más justo
La primera venida de Cristo fue en la sencillez de nuestra carne, como el más humilde de los hombres. Al respecto San Pablo nos dice: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre” (Flp 2, 6-7).
En su última y definitiva venida al final de los tiempos, el Señor Jesús vendrá también en su condición humana, ya que por el misterio de la encarnación se ha dado la admirable unión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única Persona del Verbo de Dios, pero en el día final, día tremendo y glorioso al mismo tiempo,
el Señor vendrá en majestad y gloria.
Paradójicamente, a Aquél que fue juzgado y condenado a muerte de cruz, lo veremos sentado en su trono como Juez universal.
Precisamente así es como comienza la parábola del Juicio Final que leemos en este Domingo, Solemnidad de Cristo Rey del Universo (verMt 25, 31-46): “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos” (Mt 25, 31-32).
2 Esta presentación del Juicio Final es brillante. A través de ella,
Jesús nos quiere enseñar que lo determinante en el Juicio será el amor a Él, pero que el modo auténtico de expresarle este amor es por medio del amor al prójimo a través de las obras de misericordia a los más pequeños, es decir a los más pobres y vulnerables, a los descartados y marginados, como son los hambrientos, los sedientos, los
migrantes, los desnudos, los enfermos y encarcelados.
Hoy en día dentro de los descartados también debemos considerar a los niños, empezando por los concebidos no nacidos, cuya dignidad humana muchas veces es atropellada y eliminada con
el crimen abominable del aborto. Descartados son también los ancianos, porque se les considera que ya no son “productivos”, y los jóvenes, muchos de los cuales viven en una sociedad sin posibilidades, sin futuro en la educación y en el ámbito laboral.
Volviendo al Evangelio de hoy, en el día del Juicio Final, Cristo Rey separará a las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. A los de su derecha les dirá: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme” (Mt 25, 34-36). Lo que enumera Jesús, son lo que conocemos por el Catecismo como las obras de misericordia corporales.